Desde que nací en la ya hoy portuaria ciudad de Badalona, sentí la gran necesidad de observar todo cuanto me rodeaba. Los que me conocen desde siempre, dicen que casi nunca lloré en la cuna y que pronto lo miré todo con la capacidad sobrenatural del que puede volver a reproducirlo.

 

     A los seis años, dibujé mi primer tren de mercancías y a los ocho había instalado un laboratorio improvisado debajo de la cama de mis padres. Adoraba ver las cosas desde diferentes puntos de vista siempre con esa necesidad de ver lo que nadie mira, de ser testigo presencial de todo aquello que no es nunca observado. Esa afición contemplativa junto con mi amor por la oscuridad del laboratorio me llevaron inevitablemente a estudiar en Bellas Artes, donde me licencié en Imagen; y más tarde, al Institut d’Estudis Fotogràfics de Catalunya (IEFC), donde me especialicé en fotografía y en donde actualmente ejerzo como profesora.

 

   Hoy soy contempladora de la vida y eso enseño a mis alumnos, a observar al detalle lo que nos rodea y a materializar con belleza todo aquello que se mira.